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Sobre Mobil Ave 7

30 agosto 2016 Jorge González García

Los artistas conceptuales de las décadas de los años 60 y 70 dieron a sus obras apariencias formales específicas con las que buscaban evitar que la lectura de las mismas se llevara a cabo en términos estéticos. Lo que pretendían conseguir era privilegiar una lectura que se enfocara en la concepción de las propias obras, para dejar así en claro que el contenido de las mismas no estaba en su dimensión estética, sino en otro sitio.

En la obra de Daniel Coronel, una derivación de aquella forma de antiestética se transforma de nuevo en un recurso estético, mas esto no ocurre aquí a través de lo conceptual, sino en su contraparte formal. Daniel hace uso en su obra de una sensibilidad estética de ascendencia conceptual, desprovista de la finalidad que en algún momento le fuera asignada. Esto con el objetivo de hablar del mundo y nuestra relación con el mismo desde una dimensión poética.

Sin embargo, Daniel no produce poesías o narrativas fácilmente identificables, sino evocaciones sutiles que nos abren a explorar nuestro conjunto de afectos propios a través de simples gestos que parten del simbolismo del que los objetos están cargados por defecto de sus circunstancias. Dentro del vocabulario que Daniel Coronel emplea en su cuerpo de trabajo, una rama es una rama y una hoja es una hoja, mas no por ello carecen de significado. Su aproximación al material nos devuelve, a través de la propia experiencia, a nuestra relación directa con el mundo y la significación surge de nuestro vínculo con el mismo, en una dimensión dentro de la que el mundo nos da significado a nosotros y no a la inversa.

En su obra, Daniel Coronel revela inconsistencias ideológicas, particularmente aquellas características del aún vivo —aunque ya no tan evidente— paradigma modernista y retro modernista, que inconscientemente influye, no sólo en el arte contemporáneo, sino también en nuestra actual forma de vida, privilegiando el progreso en sus distintas manifestaciones sobre la vida misma. A través de un sistema de valores distintos a los de la ideología re-modernista, Daniel, entre otras cosas, hace en su proceso de trabajo a la intuición más valiosa que la razón, que la ambigüedad y la contradicción se vuelvan confortables y que lo imperfecto sea preferible a lo perfecto.

A través de su obra Daniel Coronel nos invita a cuestionarnos nuestra relación con el mundo, sus cambios y la consistencia de nuestra ideología. Al centrar el valor de su obra en la nostalgia, la experiencia y el proceso, Daniel desfasa ligeramente el valor artístico de los objetos artísticos en sí al más puro estilo conceptual, pero con una inclinación formal y poética, reminiscente quizá de una época en que la ceremonia del té privilegiaba la naturaleza sobre la ideología y las grietas sobre las superficies lisas, influencia que en Daniel Coronel no sólo proviene de quienes alcanzaron el Nirvana en oriente, sino también de quienes lo alcanzaron en Seattle.

Jorge González García. Texto sobre Mobil Ave 7, 30 de agosto de 2016.